Reconocidos salseros expresaron su temor de que el género de la salsa se extinga debido al cierre de clubes de baile en Nueva York y Puerto Rico, la escasez de orquestas juveniles y la preferencia de los jóvenes por el reggaetón.
“Yo no entiendo lo que pasó. En Nueva York ya no hay salones de baile, y pensar que antes había como 15 o 20“, comentó Rubén Blades, quien el sábado pasado ofreció un concierto en San Juan.
El cantante panameño, junto a otros reconocidos artistas como Bobby Valentín, Willie Rosario, El Gran Combo de Puerto Rico y los ya desaparecidos Ismael Rivera y Héctor Lavoe, se presentaba casi semanalmente en clubes en Nueva York como El Corso, Broadway 96 y Casablanca durante las décadas de 1970 y 1980.
“La salsa no ha muerto, pues sé de grupos de salsa en Latvia (Letonia), Suecia, Japón y África. Es muy raro, pero como dice el refrán: en casa de herrero, cuchillo de palo”, agregó Blades.
En Puerto Rico, mientras tanto, clubes como Montecasino, El Caborrojeño y Lomas del Sol, y las hospederías Caribe Hilton y el Hotel San Juan, también fueron lugares prominentes para los salseros.
El director y fundador de El Gran Combo, Rafael Ithier, señaló que en una ocasión un amigo suyo en Colombia le dijo que extrañaba que en Puerto Rico ya no existieran lugares para bailar salsa, por lo que teme que el género se extinga y se quede sin sus grandes figuras.
“Hay una serie de muchachos nuevos que tienen un talento increíble, pero no le dan difusión ni apoyo”, resaltó. Jerry Rivas, uno de los principales cantantes de El Gran Combo, recalcó que apoyen la salsa.
Del mismo modo, Willie Rosario opinó que la salsa está bastante prostituida debido al rechazo de las nuevas generaciones, que prefieren el reggaetón para los bailes de graduación.
Agrupaciones juveniles de salsa en Puerto Rico como NKlabe, y San Juan-Habana no han tenido la acogida que tuvieron las grandes orquestas en décadas pasadas. En búsqueda de establecer un mensaje de que la salsa no estaba muerta, salseros como Gilberto Santa Rosa, Andy Montañez y Óscar D León, y reggaetoneros como Tego Calderón, Don Omar y John Erick, se unieron para lanzar en 2006 el disco Los Cocorocos, que fusionó ambos géneros.
El reggaetón estuvo marginado en sus inicios en Puerto Rico a principios de los noventa, cuando las tiendas se negaban a vender los discos y los premios musicales del exterior no los incluían en sus categorías.
Pero, poco a poco, el género comenzó a hacerse un lugar en Latinoamérica y en los Estados Unidos.


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